Esta fase constituye el punto de partida y la base científica de cualquier intervención. Se enfoca en entender el estado actual del terreno o de la estructura preexistente para garantizar la viabilidad y seguridad del proyecto.
- Análisis: Evaluación inicial del entorno, recopilación de datos históricos y definición de los requerimientos específicos del cliente.
- Estudios: Investigaciones preliminares (geotécnicos, topográficos e hidrológicos) que determinan las condiciones del suelo y del entorno arquitectónico.
- Ensayos: Pruebas técnicas y de laboratorio (destructivas y no destructivas) para medir la resistencia, calidad y comportamiento de los materiales.
- Patologías: Identificación, registro y diagnóstico de lesiones, fallas o deterioros estructurales (grietas, humedades, corrosión) para determinar sus causas raíces.